Caen los esqueletos muertos de la espera.
Hojas cual mariposas bailan, revolotean
y al final del viaje retornan a la tierra.
Huele a lluvia y a leña,
a mosto de uvas negras.
El bosque estalla y vibra
en mil hogueras gélidas.
Rojos, ocres, naranjas,
lilas, marrones, sienas…
un poquito, aún, de verde agonizante.
Todo se contrae, se compacta, se espesa.
Tímido sol, nubes, niebla…
Algo en mí se serena.
jueves, 24 de diciembre de 2009
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Este poema me ha encantado Xabier.
ResponderEliminarNo me queda ninguna duda, tienes el alma densa de un poeta libertino, que sabe sintonizar con el sentimiento que rezuma desde la naturaleza.
Cualquier invierno es precioso para escribirle así de bien.
Adopto, con tu permiso, algo de esa serenidad.
Unha gran aperta.
En este poema ha salido
ResponderEliminarla gran sensibilidad
de pintor que llevas dentro.
Ese estallido de colores
de otoño, que apacigua,
que serena.
Me gustó.
Un abrazo.